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Revista Guatemalteca de Psicología Vol. 2 No. 1, Año 2023
ISSN: 2958-1524 DOI: https://doi.org/10.57247/rgp.v2i1.28
El fenómeno de la violencia ha sido abordado por profesionales de diferentes disciplinas, desde múltiples
enfoques y en diversos contextos, por lo que el presente artículo está conformado por la síntesis de cinco
investigaciones pertenecientes al campo de la psicología forense, cuyas temáticas aglutinan las causas que
inciden y/o determinan que la violencia genere conductas inadaptadas en hombres y mujeres que están ligadas
a un proceso penal o recluidos en un centro penal; así como, la descripción de algunos factores de vulnerabilidad
que inuyen para que dicha conducta inadaptada desemboque en acciones tipicadas como delitos en el marco
jurídico. Analiza además; el impacto psicológico de estar ligado a un proceso judicial cuyas implicaciones
personales, familiares, laborales y sociales profundizan los efectos de la violencia que, son devastadores en la
vida de las personas, propiciando muchas veces, enlarse a un abismo del que no se pueda retornar.
Resumen
La violencia…una via para la penalización
Palabras clave
Violencia, personalidad, conductas inadaptadas, valoración de riesgo, penalización
The violence…a way to penalty
Recibido: 06/09/2023
Aceptado: 27/10/2023
Publicado: 29/11/2023
Ligia Lorena Ruiz Contreras
Universidad de San Carlos de Guatemala
ligia.ruiz@profesor.usac.edu.gt
Francisco José Ureta Morales
Universidad Internacional Iberoamericana UNINI México
Corina Bazzini Zeissig
Universidad Mariano Gálvez
Stephannie Yessenia Ventura
Universidad Mariano Gálvez
Rosa Virginia Con Álvarez
Universidad de San Carlos de Guatemala
Yovis Deisy Ovalle Sánchez
Universidad de San Carlos de Guatemala
El presente artículo está conformado por la síntesis de cinco investigaciones que pertenecen
a la segunda cohorte de la Maestría en Psicología Forense de la Escuela de Ciencias
Psicológicas de la Universidad de San Carlos de Guatemala. Año 2020.
Artículo Cientíco
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The phenomenon of violence has been addressed by professionals from different disciplines, from multiple
perspectives and in different contexts. Therefore, this article is made up of the synthesis of ve investigations
belonging to the eld of forensic psychology, whose themes bring together the causes that favor and/or determine
that violence generates mists conducts in men and women that are linked to criminal proceedings or incarcerated
in a penal center; as well as description of some vulnerability factors that inuence such mist conducts lead to
actions typied as crimes in the legal framework. The article also analyzes the psychological impact of being
linked to a judicial process whose personal, family, labor and social implications deepen the effects of violence
that, in and of themselves, are devastating in people’s lives, propitiating often to head to an abyss from which you
cannot return.
Abstract
Keywords
Violence, personality, mist behaviors, risk assessment, penalization
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Introducción
La presente publicación se realizó tomando
como base la síntesis y resultados de cinco
investigaciones con población en diversos
contextos, utilizando una muestra para
obtener las conclusiones desarrolladas en el
presente artículo: 1. Varones ligados a proceso
judicial, por los delitos de Violencia contra la
mujer (en su mayoría con manifestación de
Violencia física y Violencia psicológica), 2.
Privados de libertad recluidos en el Hospital
de Salud Mental “Dr. Federico Mora”, 3.
Guardias de Seguridad Privada, 4. Madres
que cohabitan con sus hijos en el Centro de
Orientación Femenino -COF-, y 5. Madres
de familia cuyos hijos menores de edad han
sido víctimas de violencia sexual. Todas las
investigaciones realizadas fueron trabajos
de graduación de la Maestría en Psicología
Forense y se circunscriben a la temática
de violencia asociada al delito (Ruiz, 2020;
Bazzini, 2020; Ventura, 2020; Con, 2020 y
Ovalle, 2020).
Cada una de las investigaciones marca un
precedente en el contexto de violencia y los
efectos que esta tiene en la conducta de
hombres y mujeres, también las repercusiones
en los miembros de las familias involucradas;
es evidente que, para que exista un acto o
conducta violenta debe existir un precedente
que determine y/o incide en el accionar de
los seres humanos, por lo que se cuestionan
situaciones que pudieran determinar la conducta
de la población evaluada (Corsi, 2003).
Es importante señalar que, al existir diversidad
de manifestaciones de la violencia, esto
representa un problema para su estudio,
precisamente por esa multiplicidad de formas,
características, causas, ámbitos y diversos
campos de conocimiento desde los que se
les estudia, no permite obtener una denición
única y precisa de violencia, lo que ha llevado
a que algunos autores preeran hablar de
las violencias en vez de solo la violencia. En
términos generales el estudio de la violencia
se puede abordar desde cuatro campos de
investigación: uno es el que atiende a los
orígenes y sus causas; otro, el que se ocupa
de las formas, características y dinámicas
que desarrolla; otro más se ocupa de las
consecuencias y efectos, y por último los
contextos de los actos de violencia.
¿Qué lleva a una persona a ser violenta
sobre otra? ¿Es el deseo de poder? ¿la
búsqueda de dominación o el sometimiento
del otro, tanto a nivel, psicológico, físico o
sexual? ¿son las experiencias personales,
los rasgos de personalidad, la vulnerabilidad
psicológica, el estrés, la ansiedad, el padecer
algún trastorno psicológico?
El aumento en la cantidad y severidad de
hechos de violencia, de los que ha diario
informan los medios de comunicación, son un
claro ejemplo de la necesidad de identicar si
son las experiencias vividas y sus secuelas,
las causas que lleven a hombres y mujeres
a cometer acciones categorizadas como
delitos dentro del sistema de Justicia. Lo cual
favorece que ciertas conductas inadaptadas
se instalen en las personas, tanto de forma
activa como de forma reactiva, cuyas
consecuencias determinen el rumbo de sus
vidas de manera negativa.
La relación entre una conducta violenta y
la comisión de delitos conlleva una serie de
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complejas circunstancias, dividida por una
línea muy delgada, que al ser traspasada
transforma la vida de las personas, por
lo que es de suma importancia abordar
esta temática, con el objetivo de brindar
conocimiento y herramientas que permitan
realizar esfuerzos para contrarrestar este
fenómeno que va en aumento y cada vez se
constituyen en una preocupación nacional
por los efectos y secuelas psicosociales que
dejan a su paso.
Violencia
La Organización Mundial de la Salud [OMS]
(2014), dene la violencia como:
Debido a que las agresiones y las violencias
tienen efecto en todos los espacios de las
sociedades donde ocurren, ciertas áreas
del conocimiento las ha estudiado con
detenimiento, entre las que se puede citar la
losofía, genética, criminología, neurología
y la psicología. En términos genéricos,
agresión y violencia, tienen una concepción
y elementos diferenciadores, pero en el
ámbito jurídico pueden ser utilizados como
sinónimos; y en algunos delitos, la agresión
está denida como un acto agravante, que son
generalmente circunstancias, que aumentan
la responsabilidad criminal del autor de un
El uso deliberado de la fuerza física o
el poder ya sea en grado de amenaza
o efectivo, contra uno mismo, otra
persona o un grupo o comunidad, que
cause o tenga muchas probabilidades
de causar lesiones, muerte, daños
psicológicos, trastornos del desarrollo o
privaciones (pág.3).
delito. Cada una de estas ciencias, desde
las que se estudia la agresión y violencia
pretenden, desde sus mecanismos de
estudio propios, explicar y comprender sus
causas para que la teoría generada brinde
propuestas para la prevención y reducción de
ellas en las conductas humanas.
Desde el campo de la psicología y en la
búsqueda de entender las causas de la
violencia, se puede mencionar que, las
actuaciones humanas están asociadas a
errores, fallas e inadecuaciones de sus vidas,
básicamente relacionadas a desadaptaciones.
La adaptación se puede analizar como el
balance entre lo que las personas desean
hacer y lo que realmente hacen, así como lo
que el ambiente o la comunidad demanda,
esto involucra las características personales y
la naturaleza de las experiencias a vivir y va a
determinar el grado de adaptación del individuo.
El enfoque interaccional o biopsicosocial
utilizado actualmente para la explicación
de las conductas desadaptadas como
probables factores causantes de la violencia,
estas conductas desadaptadas incluyen la
interacción de variables sociales, psicológicas
y biológicas. Estas variables cambian en su
rol de causalidad en función del problema
analizado, ya que la misma persona puede
manifestar un manejo adecuado de alguna
situación estresante o peligrosa y en otras, de
forma desadaptada. Por lo que no se puede
argumentar que la conducta desadaptada se
ocasiona por las características o tensiones
de los eventos particulares.
También es importante tomar en cuenta la
vulnerabilidad, que implica las posibilidades
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que tienen las personas de manifestar
una respuesta inadaptada y que involucra
factores de personalidad y hereditarios, así
como carencia de algunas capacidades, su
historia de experiencias negativas y algunas
condiciones ambientales. Asimismo, la
relación violencia-cultura debe tomarse en
cuenta, ya que, a través de la evolución de la
cultura, se van normalizando las respuestas
o reacciones a los conictos donde muchas
veces la violencia se hace presente, debido a
que la cultura inuye en lo social de manera
que el delito es una construcción social (Ureta,
2023). Por este motivo, debe interpretarse a
la violencia asimilada o imitada en su entorno
social, y no sólo buscar conclusiones en las
características biológicas o hereditarias de
las personas. Según reere Vásquez (2007):
…no existe denición alguna sobre
“personalidad violenta”, como entidad
aislada en algún manual de clasicación
de enfermedades mentales; si bien
la conducta violenta y sobre todo
la descripción de esta conducta
está incluida en la base teórica para
explicar la violencia en los documentos
periciales que se solicita en el campo
de las ciencias forenses, es importante
identicar y establecer las variables que
propician estas conductas, sobre todo
en casos de delitos contra la integridad
de las personas, y últimamente en
temas de maltrato familiar. (pág. 60).
Con base en lo expuesto se hará referencia
a "conductas violentas", así como
personalidades más o menos predispuestas
a la violencia. Por otro lado, como ya se indicó
que el delito es una construcción social, así
las culturas denen de diversa forma lo que
considera como violencia, en consecuencia,
también variará lo que se considere una
personalidad violenta (Salas, 2008). Baró en
1996 (como citó en Batres, 2003), reere:
A lo largo de la vida, las personas
adquieren habilidades y aprenden
prohibiciones que tienen que ver con
la conformación de nuestra identidad
en sociedades que son, por sí mismas,
sistemas de control determinantes de
lo que somos o lo que hacemos. Por
medio de estos procesos socializantes,
se interioriza también el género, que es
conformado socialmente. Es una forma
de reproducir lo social y las relaciones
de poder. Lo que signica ser hombre,
es al igual que la feminidad, una
construcción social. (pág. 7).
Consecuencias de la Violencia…
Penalización
Una conducta violenta se puede llegar a
constituir en algunas ocasiones, aunque no
en todas, en un comportamiento delictivo
o criminal, en función de si es penado
“legalmente”. Para conformarse como delito,
una conducta debe evidenciarse como
una acción fundamentalmente antijurídica,
analizado en momentos y características
objetivas de penalidad, imputable a la
persona y considerado para tener como
consecuencia una sanción penal (Redondo
y Pueyo, 2007). Según Machicado (2010),
“El delito—en su concepción jurídica—es
todo acto humano voluntario que se adecua
al presupuesto jurídico de una ley penal”.
(pág. 3)
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Cinco Estudios…
Con el n de profundizar el fenómeno
psicosocial de la violencia unida al campo
penal, se realizaron cinco diferentes estudios
en diversos ambientes en los que las
conductas inadaptadas y constituidas por
la violencia, llevaron a hombres y mujeres
a cometer acciones enmarcadas dentro de
la denición de un “delito”. Así también, las
repercusiones que algunos delitos pueden
tener en los allegados de las víctimas.
El primer estudio es el de Ruiz (2020)
trabajó con una muestra de 20 varones
ligados a proceso judicial debido a la
realización de delitos de violencia contra
la mujer (principalmente con manifestación
de violencias física y psicológica). Con
edades entre los 28 a 72 años, 10 solteros
o unidos y 10 casados, viven en los
municipios cercanos de Antigua Guatemala,
mayormente autoidenticados como ladinos,
con diversidad de niveles educativos y
principalmente de religión católica. Todos
ellos, por orden del juez competente, asisten
al grupo de autoayuda para varones ligados
a proceso por delitos de violencia contra la
mujer y maltrato a personas menores de
edad que funciona en Antigua Guatemala
en el año 2019, debido a que tienen un
benecio de criterio de oportunidad otorgado
judicialmente. El objetivo del estudio fue
medir los niveles de agresividad y determinar
el impacto de las experiencias de su historia
personal en la agresividad mostrada, desde
la perspectiva masculina.
El segundo estudio fue de Bazzini (2020),
tuvo como objetivo evaluar el riesgo de
comportamientos violentos y grados de
peligrosidad en 20 pacientes, hombres
adultos comprendidos en edades de 20 a 65
años, privados de libertad e internados en el
Hospital de Salud Mental “Dr. Federico Mora”.
Entre sus delitos es que están sindicados por
delitos de homicidio, parricidio, homicidio,
femicidio, asesinato en grado de tentativa,
abuso de consumo de estupefacientes,
allanamiento de morada, abusos sexuales,
violencia contra la mujer y portación ilegal de
armas. Primero fueron diagnosticados con
trastornos mentales graves, asociados y con
comorbilidad del abuso de sustancias, a este
grupo el sistema legal los obliga a permanecer
allí por un tiempo prolongado y esta estadía
indenida. Esto, generalmente, es la causa del
resurgimiento de otros síntomas comórbidos,
como comportamientos violentos, dentro del
parámetro establecido por los Ministerio de
Gobernación y Ministerio de Salud Pública y
Asistencia Social, ya que, a pesar de estar
bajo la custodia del Sistema Penitenciario,
el riesgo de conductas agresivas dentro del
mismo es latente (Suárez y Betancurt, 2016).
El tercer estudio fue el de Ventura (2020), quien
examinó los riesgos de violencia en el ámbito
de la seguridad privada, debido a que se
maniesta de diversas formas como: violencias
verbal y física, portar armas o dar la impresión
de llevarlas, acosos sexual y moral. El riesgo de
agresión física está latente para el profesional
de la seguridad privada. La carga física que
conlleva el trabajo en seguridad, como el puesto
de trabajo, el horario de trabajo de noche, las
posturas inadecuadas durante las jornadas de
trabajo forzado, recae en el área psicológica en
aspectos como: el estrés laboral, inseguridad y
relaciones conictivas laborales, ambigüedad
del rol, sentimientos de miedo, estrés
postraumático ligado a las intervenciones, la
presión del tiempo y principalmente el trabajo
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en contacto con el público (Batres, 2010). Todo
esto con el riesgo de violencia verbal o física,
la cual debe ser controlada por la obligación o
necesidad que tienen las personas encargadas
de la vigilancia de mostrar educación, empatía
y cortesía, todas estas variables generan una
carga de exigencias físicas y mentales. En el
caso de las mujeres, los comportamientos
violentos también pueden llevarlas a cometer
delitos que les priven de la libertad, así como
de todas las repercusiones que esta situación
conlleva.
Inicialmente las investigaciones asociadas a la
criminología se han enfocado principalmente
en la población masculina, ya que es mayor
el número de hombres privados de libertad
que las mujeres en esta situación. Por lo que
esta falta de investigaciones con mujeres,
reduce la posibilidad de formular políticas y
acciones públicas, así como comprender el
carácter delictivo de la mujer, también hay que
considerar que el índice de mujeres infractoras
está en aumento. Tal como lo indica el Instituto
Nacional de Estadística de Guatemala [INE]
(2019), en 2010 hubo 9,132 mujeres sindicadas
de delitos por el Ministerio Público, indicador
que creció con los años hasta llegar en el 2019
a 78,391 sindicadas de delito.
Para el cuarto estudio, Con (2020) evidenció
que los efectos de la privación de libertad son
muchos y que cada uno genera un impacto
en el desarrollo y estabilidad emocional
de la población privada de libertad. Las
vivencias y experiencias del ambiente dentro
de la prisión contribuyen a la generación de
conductas y reacciones emocionales como:
inestabilidad emocional, drogodependencia,
agresividad, frustración, angustia y estrés,
también son inuenciadas por situaciones o
trastornos más complejos como la depresión
y ansiedad en sus diferentes niveles (Escaff,
et al., 2013; Fuertes, 2020; Oliva y Chinchilla,
2011 y Gaviria, 2009). La ansiedad se dene
como a un estado de inquietud y agitación
desagradable, donde se tiene presente la
anticipación del peligro, así como síntomas
psíquicos y sensación de peligro o catástrofe.
Se combinan síntomas cognitivos y
siológicos, con reacciones de sobresalto, se
buscan soluciones a los peligros percibidos
de forma denida (Sierra et al., 2003).
Con (2020) trabajó con 30 mujeres privadas de
libertad del Centro de Orientación Femenino
COF, las cuales tienen allí a sus hijos con
edades de 0 meses a 4 años, auto percibidas
mayormente como ladinas, solteras, cristianas
evangélicas. Principalmente vienen de la
ciudad capital, Villa Nueva y zonas aledañas, la
mayoría tienen estudios del nivel de educación
primaria y básicos, se reducen las que poseen
el nivel diversicado y ninguna ha tenido
educación universitaria. Fueron condenadas en
su mayoría por delitos de extorsión, asociación
ilícita, portación ilegal de arma de fuego, robo,
asesinato, transporte de municiones y maltrato
a niñez. Les han dado sentencias de 6 a 50
años, algunas de ellas son reincidentes y tienen
antecedentes de uno o más familiares privados
de libertad, actualmente están realizando
trabajos manuales como malla, raa, lavado y
picado en manta, debido al poco o nulo apoyo
de sus familiares.
Finalmente, está la quinta investigación
de Ovalle (2020), describió los efectos
emocionales que les provoca a las madres
de familia enterarse que sus hijos menores
de edad fueron víctimas de violencia sexual,
convirtiéndolas a ellas en víctimas indirectas,
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evidenciando lo común que puede ser que
los familiares también sufran los efectos
emocionales y lleguen a ser víctimas
indirectas. De los delitos violentos a los
cuales son expuestos, poniendo cada vez
en peligro la integridad física y mental, así
como la alteración de la estructura familiar
(Echeburúa, 2005 y Echeburúa et al., 2002).
Los casos más difíciles surgen de que los
padres no creen los relatos de sus hijos/as
y los consideran mentiras, exageraciones o
descripciones fantasiosas, también son los
que indican que confían en sus hijos/as sin
mostrar acciones de protección y defensa
hacia ellos. (Intevi, 2007). Actualmente hay
una consistente red de ayuda y asistencia
de las víctimas directas, pero se descuida
a las víctimas indirectas, las cuales son las
excluidas de los servicios asistenciales.
La investigación utilizó como muestra a
16 madres de familia de 25 a 48 años que
asistieron al Centro de Salud del municipio de
San Miguel Petapa.
Metodología
En cuanto al diseño de investigación y de
acuerdo con lo indicado por Hernández-
Sampieri et al., (2014), se aplicó la visión
positivista con diseños descriptivos y
correlacional en 4 estudios (Ruiz, 2020;
Bazzini, 2020; Ventura, 2020 y Con, 2020), los
cuales son secuenciales y probatorios, tienen
planteamientos especícos y delimitados
y fueron objetivos, se caracterizaron por
la recolección, medición y análisis de
datos. Por el tipo de muestra utilizada en
las investigaciones, los resultados solo se
aplican a las muestras trabajadas. El objetivo
principal de los estudios cuantitativos es la
formulación y contrastación de teorías, se
aplican la lógica o razonamiento deductivo.
Se utilizó el método descriptivo para denir
las propiedades, características y perles de
personas, grupos, comunidades, procesos o
cualquier otro fenómeno que sea sometido
a análisis, presentando la información tal
como es, en el momento de la investigación.
También se aplicó el enfoque fenomenológico
de corte cualitativo en uno de los estudios
(Ovalle, 2020).
Se utilizaron los siguientes instrumentos:
cuestionarios, entrevistas semiestructuradas
y grupos focales diseñados por las
investigadoras, así como la Escala de
Personalidad (EAE) versión 1.0 (Durán
et al., 2001), Inventario de Ansiedad de
Burns (Burns, 1999), HCR-20: Guía para la
valoración del riesgo de comportamientos
violentos (Hilterman, 2005), la escala de
evaluación de la psicopatía (Hare et al., 1991).
Resultados
Ruiz (2020) reportó en los resultados sobre
los niveles de agresividad que el 55% de
los varones que fueron parte de la muestra
presentan niveles de agresividad moderada,
el 45% restante tiene agresividad baja.
Resultados de se pueden interpretar como que
en sus personalidades no existen conductas
violentas tan arraigadas, por otro lado se
podría indicar que las terapias psicológicas
grupales les ofrecieron alternativas y
opciones diferentes para contener o manejar
la agresividad de forma más adaptada y
adecuada a sus contextos.
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Los resultados del segundo objetivo evaluado
a través del grupo focal, evidenció que
sus vivencias personales, principalmente
en la niñez en sus contextos familiares y
escolares, marcaron signicativamente sus
personalidades. También se evidencian
presencia de acciones de violencia,
agresividad, maltrato, falta de apego, cariño y
respeto hacia ellos. Por lo que puede armarse
que estas vivencias dejaron impactos en
sus personalidades, con probabilidades de
hacerlos vulnerables y ahora que son adultos,
al enfrentarse a situaciones estresantes o
detonantes emocionales, se activen dichas
secuelas que provocan conductas agresivas
como una forma inadaptada de resolución
de conictos. También podrían limitar la
expresión de emociones o poner en práctica
las habilidades comunicativas asertivas; esto,
unido a la carencia de recursos resilientes y
de algunos rasgos característicos propios
de su personalidad, favorece un contexto
y situación, para que se generen acciones
enmarcadas dentro de la categoría de delito.
Bazzini (2020) como resultado de las
evaluaciones a pacientes privados de libertad
con padecimientos mentales en el Hospital
de Salud Mental “Dr. Federico Mora”, con
relación a la valoración del nivel riesgo de
comportamientos violentos, se determinó que
en la muestra investigada existe un 40% de
riesgo mínimo, 30% de riesgo moderado, 15%
de riesgo grave y un 15% de riesgo muy grave.
Categorizando un 30% de la población con
predominancia de características de riesgo
latente, por lo que la probabilidad que sigan
incurriendo en incidentes violentos contra
ellos mismos y contra el personal profesional
y custodios dentro de esta institución sea muy
probable.
Los resultados alcanzados en el test PCL-SV
son bajos, el grado de peligrosidad mostrado
por los sujetos fue en 75% con peligrosidad
baja, 5% de peligrosidad media y 20%
peligrosidad alta, información con la que se
puede hacer una clasicación institucional,
“…la prevalencia de los rasgos psicopáticos
es muy baja en los pacientes encuestados,
ya que la población estudiada cuenta con un
perl caracterizado por diversos factores que
los hace vulnerables por sus dimensiones
sociales y psicológicas.” (Bazzini, 2020, pág.
42). Por lo que puede armarse que mejorar
la vida de las personas con trastornos
mentales dentro de los procesos penales, es
una acción de relevancia a través de políticas
públicas de salud, planes de intervención en
salud mental y una buena legislación. Con
la intención de ofrecer mejores servicios de
atención, reriéndose a buenas prácticas
aceptadas internacionalmente, adaptadas al
Sistema de Justicia en Guatemala.
Ventura (2020) indicó que es importante
vericar previamente el perl psicológico
de los aspirantes a agentes de seguridad
privada, realizando una evaluación forense a
cada uno de dichos aspirantes. Las pruebas
que se aplican, al no estar contextualizadas
en Guatemala, tienen un lenguaje que resulta
incomprensible para los evaluados, ya que
el nivel académico requerido es muy bajo
(como mínimo sexto primaria), inuyendo
exponencialmente en las respuestas que
los aspirantes transmiten dentro de las
evaluaciones, arrojando un resultado poco
conable y sesgado. Esto da continuidad a la
inestabilidad en la seguridad privada del país,
derivada del inadecuado perl psicológico de
algunos elementos que puedan desencadenar
en hechos delictivos.
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Los instrumentos se aplicaron a una muestra
de 260 aspirantes a agentes de seguridad
privada, la cual fue conformada por 242
aspirantes a guardias y 18 aspirantes a
escoltas. Se correlacionó con la r de Pearson
cada rasgo de personalidad que evalúa la
prueba (Escala de Personalidad, EAE) con la
nota que obtuvieron en la evaluación teórica,
con neuroticismo se obtuvo una r=0,17, con
paranoidismo r=0,16, con agitación r=0,11,
con fuerza del yo r=0,17 y con sinceridad
una r=0,06; resultados que mostraron una
correlación nula entre estas variables. Sin
embargo, los resultados que arrojaron dichas
pruebas por separado indican que el 92% de
los evaluados alcanzó un nivel satisfactorio
en ambas pruebas. Hay que indicar que
dichos resultados son sesgados y con
una baja sinceridad, ya que los aspirantes
son guiados para responder las preguntas
porque la prueba no es contextualizada en
Guatemala y su nivel académico es bajo.
Los resultados obtenidos pueden mostrar
menos neuroticismo, paranoidismo, agitación
y fuerza del yo de los que realimente tienen.
Esto podría ocasionar que los aspirantes
a agentes de seguridad privada, muestren
pocas opciones de alcanzar un buen
desempeño dentro o fuera de su puesto
laboral, por lo que es necesario crear o
adaptar una prueba psicológica adecuada a
sus niveles psicosocial y educativo.
La falta de pruebas psicométricas adaptadas
al contexto guatemalteco, así como el nivel
educativo de los agentes de seguridad
privada obstaculiza la anticipación de
acciones criminales dentro y fuera de sus
trabajos, reduce sus niveles de salud mental y
desempeño eciente y ecaz de sus labores,
lo cual puede aumentar los incidentes
violentos. De allí, la importancia de la creación
y aplicación de una prueba psicométrica que
evalúe personalidad, manejo de factores
estresantes y posibilidades de manejo de
riesgos, que permita la selección apropiada
de agentes de seguridad que den servicios
ecientes dentro de las empresas de
seguridad privada, reduciendo sus conductas
delictivas y violentas.
Con (2020) rerió que la muestra de mujeres
analizada manifestó ansiedad moderada
a extrema y pánico, el 64% de la población
(19) experimentaron síntomas asociados
a la ansiedad como consecuencia de sus
emociones y sentimientos producidos en
el ambiente de privación de libertad. El
otro 37% (11) no evidenciaron síntomas de
ansiedad u otras alteraciones emocionales,
hay que considerar que el 77%, (23) de
ellas consideraron el centro penal como un
lugar seguro y tranquilo. 7 de ellas (23%)
lo consideran como inseguro, por lo que
se arma que la ansiedad que sufren no lo
ocasionan las condiciones de privación de
libertad, sin embargo no se puede descartar
por completo que el ambiente dentro de este
no inuya en la conducta ansiosa.
Se evidenció que uno de los factores que
contribuye al refuerzo de la conducta ansiosa
es el retardo o atraso de los procesos judiciales,
hasta el momento en que las muje